Augusta Foss de Heindel

sábado, 4 de febrero de 2017

El papel del mal en el mundo


EL PAPEL DEL MAL EN EL MUNDO
Por Augusta Foss de Heindel

Es evidente el valor de la discordia en la música y también el papel correspondiente de la maldad en el mundo, es decir, el hacer resaltar por contraste la belleza y la armonía del bien. Así, pues, puede parecer a simple vista como si el mal aparente hubiese sido designado por Dios, el Autor y Arquitecto de nuestro sistema y por lo tanto, como si El fuese responsable de todo el dolor y sufrimiento que la humanidad soporta. Sin embargo, no es esta la cuestión.

La Biblia dice en verdad que Elohim por medio de sus agentes: “Vio que el mundo estaba bien” una vez que su labor hubo acabado. Nuestros libros Concepto Rosacruz del Cosmos y Cristianismo Rosacruz, explican muy detalladamente la historia de la Biblia, de cómo el mal aparente vino a nosotros por medio de los Espíritus de Lucifer y una vez manifestado, las fuerzas que sirven al bien lo utilizaron para que tuviera una finalidad benéfica y para aspirar a un bien más elevado que no hubiera sido posible sin ese factor.

En la última parte de la Epoca Lemúrica y en los primeros tiempos de los Atlantes, el hombre era puro e inocente, el dócil pupilo de los ángeles guardianes que guiaron todos sus pasos hacia el sendero del desarrollo. El hombre no tenía razón todavía, puesto que no era necesario, ya que solo había un camino a seguir y en consecuencia, no había nada que elegir en tal estado.

Los Señores de Venus fueron enviados para estimular la bondad, el amor y la devoción y si no hubieran tomado parte aquellos elementos perturbadores, los Luciferes, la Tierra hubiera continuado siendo un paraíso y el hombre habría sido como una flor bellísima de él. El dolor, la tristeza y la enfermedad no se hubieran conocido y bajo el régimen de los Angeles lunares y de los Señores de Venus, el hombre se hubiera desarrollado bueno y sabio en forma automática., por la sencilla razón de que no hubiera tenido que hacer frente a ningún tipo de alternativas. Cuando los Espíritus de Lucifer le abrieron los ojos hacia el otro lado y los Señores de Mercurio impulsaron la razón para que por ella se guiara, se hizo potencialmente superior y como requisito indispensable de todos aquellos que siguen el sendero en espiral de la evolución.

Equipado con las facultades de la elección y raciocinio, es propio de la prerrogativa gloriosa del hombre el hecho de elevarse a si mismo hasta el pináculo de la mayor perfección posible en este esquema evolutivo. Por lo tanto, el Cristo dijo: “Aquel que ha creído en mi, las cosas que yo hago las hará él también y mayores aún que estas hará.”

Aprendamos del mito de Fausto a seguir los pasos de nuestros preceptores empleando ese aparente mal para llevar a cabo un gran bien; aprendamos a no domeñar el mal por el mal, sino el hacernos superiores a él y transmutarlo en bien. Existe un viejo proverbio que dice “Aquello que es, es lo mejor.” Si esto fuera verdad no habría incentivo para luchar por algo superior, mejor o mayor. Las palabras del Salvador nos estimulan para que sigamos adelante y las leyendas como las del mito de Fausto, nos enseñan como utilizar las fuerzas destructoras y subversivas en apariencia.

A aquel que mucho le es dado, le será exigido mucho. Los estudiantes de la Fraternidad Rosacruz que reciben las enseñanzas de la Sabiduría Occidental, están especialmente capacitados para hacer los mayores sacrificios. Que podamos esforzarnos con todas nuestras fuerzas para vivir la vida de tan gran privilegio.-

Suyos en el Servicio de la humanidad

THE ROSICRUCIAN FELLOWSHIP

Agradecemos al Sr. Raúl Sasia, por este aporte

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miércoles, 4 de marzo de 2015

¿Qué te daré?

            


¿QUÉ TE DARÉ?
(Carta de la Sra. Heindel a los estudiantes, de 1 de enero de 1.930)


(Suponemos que falta una parte de esta lección, como se puede ver en el Boletín que se reedita)

            5.- En Gabaón, el Señor se apareció aquella noche en sueños a Salomón, y le dijo: Pídeme lo que quieras.
            6.- Salomón respondió: Tú le hiciste una gran promesa a Tu siervo, mi padre, David, porque procedió de acuerdo contigo, con lealtad, justicia y rectitud de corazón, y le has cumplido esa gran promesa dándole un hijo que se siente en su trono: es lo que sucede hoy.             7.- Pues bien, Señor, Dios mío, Tú has hecho a Tu siervo sucesor de mi padre, David; pero yo soy un muchacho que no sé valerme.
            8.- Tu siervo está en medio del pueblo que elegiste, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular.
            9.- Enséñame a escuchar para que sepa gobernar a Tu pueblo y discernir entre el bien y el mal; si no, ¿quién podrá gobernar a este pueblo tuyo tan grande?
            10.- Al Señor le pareció bien que Salomón pidiera aquello, y le dijo: Por haber pedido esto y no haber pedido una vida larga, ni haber pedido riquezas, ni haber pedido la vida de tus enemigos, sino inteligencia para acertar en el gobierno, te daré lo que has pedido: una mente sabia y prudente, como no la hubo antes de ti ni la habrá después de ti.  Y  te  daré  también  lo  que  no  has  pedido:  riquezas  y  fama  mayores  que  las  de  rey alguno. Y, si caminas por mis sendas, guardando mis preceptos y mandatos, , como hizo tu padre David, te daré larga vida. (Reyes I, 3).
            Salomón, por virtud de su pureza de propósito, su desinterés, su profundo amor a la justicia, fue escogido para reinar como rey de Israel. Su padre, el rey David, había abrigado  altos  ideales  y  un  hondo  anhelo  de  edificar  el  templo  a  Dios,  en  el  que esperaba poner al Arca de la Alianza, guardada, a la sazón, en el tabernáculo de Sión. No obstante, al rey David no le fue permitido presenciar la realización de sus ideales. Jehová le  dijo  que, como “había vertido sangre en abundancia y había hecho grandes guerras”, su hijo Salomón sería el escogido para llevar a cabo los ideales y planes de su padre.
            Aún muy joven, a la edad de veinte años, Salomón fue tentado por las grandes riquezas y honores. Fue probado. Y, de sus pruebas, salió puro, recto y fuerte, abrigando grande amor a la justicia y a la rectitud. Así, pues, Dios le otorgó la abundancia. Cuando se  le  preguntó  cuál  era  su  deseo,  todo  lo  que  pidió  fue  aquello  que  le  permitiera gobernar  mejor  a  su  pueblo:  un  dócil corazón  y poder discernir  la  diferencia  entre lo bueno  y  lo  malo.  Si  todos  los  gobernantes  del  mundo  gozaran  esta  gracia,  ¡cuán diferente sería el mundo!
            En  el  cuarto  capítulo  de  los  Proverbios,  Salomón  es  amonestado  para  que  no
abandone la Sabiduría porque “ella te guardará; ámala y te conservará”.
            La adquisición  de la sabiduría  es el  propósito  de la  vida y Salomón, con toda justicia, la ensalzó.
            Mas,  existe  una  diferencia  entre  la  “sabiduría”  y  el  “conocimiento”.  El conocimiento  bien  puede  conducir  a  la  crueldad.  El  vivisector  emplea  mal  sus conocimientos; y también el murmurador y el crítico y el frío, el hombre sin Dios; y el gran militar, que emplea a sus hombres cual si fueran peones de ajedrez; y el financiero, que usa sus conocimientos para encontrar maneras de engañar al prójimo con el fin de lucrarse  y  mejorar  su  estado  pecuniario.  La  intelectualidad,  tal  como  el  hombre  la comprende  el  día  de  hoy,  no  se  puede  comparar  con  la  sabiduría  de  Salomón.  Esta sabiduría viene de lo alto.
            “En cambio, el saber que baja de lo alto es, ante todo, límpido y, luego, apacible, comprensivo y abierto, rebosa buen corazón y buenos frutos, no hace discriminaciones ni es fingido. Y la cosecha de honradez con paz la van sembrando los que trabajan por la paz” (Santiago, 3: 17-18).
            Quien goce esta sabiduría comprende los grandes fundamentos de la vida. Esta es la sabiduría que poseen el Iniciado, el Adepto y el Cristo. La sabiduría cósmica llena el  universo.  El  universo  de  Dios  es  un  gran  manantial  de  sabiduría  y  es  de  este manantial de donde las Jerarquías Creadoras obtienen sus conocimientos. Los espíritus-
grupo, los espíritus de la naturaleza y toda la nobleza de la natura, logran su inspiración en esa fuente. Pero el hombre, a medida que desciende más hondamente en la materia y se  viste  con  capas  de  creciente  densidad,  va  cerrando  la  puerta  al  espíritu  de  la sabiduría. Ha ofuscado su vista por tiempo provisional. La luz de la sabiduría le volverá, no obstante, a medida que se eleve y deje de ser el hombre sensual y concupiscente que vive  por  tan  sólo  el  placer  del  día,  y  cuyo  único  pensamiento  es  “comer,  vivir  y alegrarse”.  Debe  emular  al  hombre-Cristo,  el  alma  despertada  que,  como  Salomón, abriga el  anhelo de conocer  la diferencia entre el  bien  y el mal, a  fin de emplear  sus conocimientos en provecho del prójimo.
          El sufrimiento, las decepciones y las experiencias de Parsifal simbolizan la búsqueda de
la sabiduría por el alma, que encuentra su símbolo en el santo Grial. Es la lanza de la sabiduría la que Parsifal emplea para sanar las heridas de Amfortas, y es el abuso de la sabiduría lo que produce dolor.
            Tenemos  una  ilustración  del  mal  uso  de  la  sabiduría  en  la  historia  de  la decapitación de Juan el Bautista; también, en la leyenda griega en la que Mercurio corta
la cabeza de Argos, a quien se atribuían cien ojos, símbolo de la visión espiritual. Pero Argos había empleado mal esa facultad y Juno puso sus ojos en la cola del pavo real.
            Desde el punto de vista científico del día de hoy, tal como nos lo dicen nuestros sabios, cada pensamiento que el hombre se permite, produce un efecto destructivo.. Se destruye  la  vida  de  alguna  forma.  Cuando  el  hombre  piensa,  destruye  tejidos  del cerebro, las células se agotan y envejecen. Innumerables vidas elementales se sacrifican para  dar  lugar  a  los  hijos  mentales  del  hombre.  Al  ser  enviados  los  pensamientos  al mundo, asumen formas, y la vida elemental se utiliza para su formación. Nada nuevo se construye en ningún nivel sin el sacrificio de alguna cosa. No se forma el cuerpo de un nuevo ser humano sin apropiarse de la sangre de la madre. No se edifica una nueva casa sin la destrucción de las formas materiales de los reinos mineral y vegetal, puesto que la madera, el cemento y el metal que se emplean en el edificio, han sido obtenidos todos de los reinos inferiores. Bajo las presentes condiciones, es necesario que este sacrificio continúe.  Mas,  si  la  vida  y  los  materiales  se  otorgan  a  fin  de  que  se  fragüen  formas superiores, no ha sido en vano el sacrificio.
            Pero  volvamos  al  asunto  de la  sabiduría.  Si buscamos  el  conocimiento  con  el objeto de alcanzar el progreso y el desarrollo que conducen a la sabiduría, entonces se
sacrifica por una buena causa la vida celular del cerebro. Pero el adquirir conocimientos con  propósitos  egoístas  y  destructivos,  para  emplearlos  como  hace  el  vivisector,  para atormentar o para alcanzar poder sobre los demás, como hace el mago negro, significa 
el  acumular  para  sí  una  enorme  deuda  de  destino.  Podemos  darnos  cabal  cuenta  del 
significado  de  esas  deudas  con  ver,  a  diario,  los  múltiples  seres  humanos  que  nacen 
deformes,  ciegos,  cojos  o  enajenados.  Ésta  no  es  la  obra  de  Dios.  Él  hizo  al  hombre 
perfecto, como Él es perfecto. Son las consecuencias de las malas obras que el hombre perpetra, ya que “todo lo que el hombre sembrare, eso recogerá”.
            Bien sencilla es la lección: a no ser que busquemos las enseñanzas superiores, que son iguales a la sabiduría  de Salomón, siempre con móvil  desinteresado,  estamos sacrificando fútilmente la vida elemental que nos ayuda en la construcción de las células cerebrales. Así pues, el conocimiento lleva consigo cierta responsabilidad. Se nos juzga y se nos tiene por responsables en proporción directa a los conocimientos que tengamos.
             Todo conocimiento que no esté impregnado del deseo de servir y del amor, es vacío y 
sin propósito valido alguno. 
            “Cuanto más y mejor sepas,
            tanto más pesado será tu juicio.
            A nos ser que tu vida
            también sea más santa”
            “Cuanto  más  unido  está  el  hombre  consigo  mismo  e  interiormente  sencillo,  tantas  más  cosas  profundas  comprende  sin  esfuerzo;  puesto  que  recibe  la  luz  del  conocimiento desde lo alto”. (Tomás de Kempis).


Boletín Nº 35 AÑO 2.000 - SEGUNDO TRIMESTRE 
(Abril-Junio) FRATERNIDAD ROSACRUZ  MAX HEINDEL (MADRID) 

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sábado, 28 de febrero de 2015

El impulso de lo invisible



El impulso de lo invisible
(Carta de la Sra. Heindel a los estudiantes de 1 de octubre de 1.929)
 
            “Mas, del fruto del árbol que está en medio del huerto, dijo Dios, no comeréis de él, ni lo tocaréis porque no muráis… Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer y que era agradable a los ojos y codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto y comió;  y dio también a su marido, el cual comió así como ella… Y dijo Jehová Dios:  he aquí que el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, para que no alargue su mano y tome también del árbol de la vida y viva para siempre, sacarélo del huerto del Edén”. (Génesis, cap. 3º).

            Este Jardín del Edén era la Región Etérica, donde el hombre moraba en estado pueril. Poseía un cuerpo físico mas, como era físicamente ciego, no lo veía. Empero, en el mundo etérico estaba despierto y consciente y era capaz de comunicarse con los seres espirituales  de  aquella  región.  En  aquel  entonces  el  hombre  era  bisexual  y  podía procrear un cuerpo sin la colaboración de otra persona. Mas, llegó el tiempo en que fue de imperiosa necesidad de que se constituyera en ser pensador e individualizado, ya que no podría continuar para siempre como un autómata guiado por Dios. Como había sido creado a imagen de Dios, era preciso otorgarle la posibilidad de hacerse como Dios, un ser de toda sabiduría y todo conocimiento. Era necesario, pues, que tuviera un cerebro por el cual habría de actuar. 
            Precisamente  en  ese  tiempo,  los  espíritus  luciferes,  los  ángeles  caídos  del Período Lunar, aparecieron en escena e impartieron al hombre el conocimiento de que podía  ser  agente  libre  en  vez  de  un  autómata.  Los  espíritus  luciferes hicieron posible que el hombre se constituyera en dios o en bestia. Pero, como ellos no eran dioses, no les fue posible impartir al hombre el amor puro y espiritual. Como eran ángeles caídos, únicamente  pudieron  conferirle  los  más  bajos  deseos,  los  que  le  han  acarreado 
infortunio, sufrimiento y muerte, aunque también le han otorgado la energía dinámica y lo han despertado a la actividad mental. No podían, sin embargo, impartir las verdades espirituales  superiores,  las  que  vienen  al  hombre  únicamente  a  través  del  verdadero Portador de la Luz, Cristo, el evolucionado más alto de la Humanidad del Período Solar.
Este gran Ser siembra el amor espiritual del Padre en el pecho del hombre y así nos lo dice San Juan (6:51): “Yo soy el pan viviente que descendió del cielo; el hombre que coma de este pan, vivirá para siempre”.

            Los espíritus luciferes son llamados portadores de luz porque trajeron al hombre el conocimiento de que podía procrear un cuerpo físico a voluntad. Aun        que este cuerpo  habría de  morir,  siempre  el  hombre  poseía  el  conocimiento  para  procrear  uno nuevo. Este conocimiento lo hacía un creador en pequeña escala, mas el precio que pagó por  ello  fue  la  pérdida  del  vivir  conscientemente  en  el  mundo  espiritual,  que  era  su verdadero  hogar.  Ese  mundo  ya  no  era  real  para  él.  Se  había  trocado  en  tan  sólo  un sueño. La posición en que entonces estaba era semejante a la del joven que, por obrar mal,  se  aparte  de  la  casa  d  su  padre  para  hacer  su  propia  fortuna.  Tal  joven  es sumamente desgraciado por algún tiempo y no sabe qué hacer. Mas, después de muchos fracasos  y  grandes  sufrimientos,  aprende  por  fin  a  ser  fuerte  e  independiente.  En  el tiempo comprendido desde que es niño hasta que se hace hombre, la propensión hacia el bien,  los  preceptos  impartidos  por  los  padres  y  los  ideales  de  la  vida  de  hogar, permanecen con él y lo impulsan a buscar el éxito.

            Así  ocurre  con  el  hombre  en  general:  existe  dentro  de  él  un  misterioso  y  mal comprendido  impulso,  un  algo  sutil  que  perennemente  lo  inclina  a  que  siga  adelante, siempre obligándolo a que haga esto o aquello. Un amigo de quien escribe solía decir: “Algo  me  obligó  a  que  lo  hiciera;  mas  algo  me  dijo,  me  amonestó  para  que  no  lo hiciera”. Cuando se le preguntaba qué era ese algo, si era guía, amonestación o impulso, 
respondía: “no lo sé; sólo sé que viene del interior”. De igual manera, el hombre siente y responde a un impulso interior misterioso y potente.

            Encontramos  un  impulso  semejante  obrando  en  todas  las  oleadas  de  vida inferiores. Cada una de ellas, en su propia etapa de evolución, siente y responde a una 
fuerza  desconocida  que  la  impulsa  adelante  para  alcanzar  la  perfección  a  su  propia manera. Usemos la oruga como ilustración: apenas emerge del huevo, dedica todo el día y toda la noche a comer. Come y come hasta que alcanza el tamaño máximo. Luego, se
la ve inquieta. El impulso instintivo del insecto lo impele a buscar la parte inferior de la ramita o la hoja y allí se cuelga, adherida a la hoja por medio de una sustancia pegajosa que fabrica dentro de sí misma.  Después de un tiempo, la parte inferior del cuerpo se agranda  y  empieza  a  comportarse  como  si  estuviera  sufriendo  dolor,  moviéndose  y retorciéndose.  Pronto  se  le  abre  el  dorso  y  la  vieja  piel  se  desprende,  dejando  la crisálida. Día tras día, el color de la crisálida cambia. Tras un período de tiempo que varía  desde  unas  cuantas  semanas  hasta  varios  meses,  dependiendo  de  la  especie,  la funda se rompe y una bella mariposa emerge. Todas estas transmutaciones se efectúan por virtud de un impulso interior. 

            La  abeja  y  la  hormiga  trabajan  infatigablemente  durante  sus  cortas  vidas, buscando  alcanzar  la  perfección  de  su  especie.  Y  la  abeja  y  la  hormiga  que  rehusan trabajar, son arrojadas del panal u hormiguero y, si se empeñan en volver, las matan. 
           
           La  pequeña  semilla  depositada  en  la  tierra  permanece  durmiente  por  algún tiempo, abasteciéndose de fuerza de la madre Tierra, hasta que la lluvia la llama a que 
brote y así responda al instinto o impulso de expresarse en su propia y especial manera. Y, tanto si resulta una vid que se arrastra y abraza la tierra, un árbol que crece a gran altura o un rosal que se expresa en bellos capullos, responde en cada caso al impulso misterioso de vivir. Y la semilla que no puede romper su cáscara, se desintegra y vuelve al  reino  mineral.  Vemos  así  como  cada  especie  responde  al  impulso  de  vivir,  de extenderse  y  de  alcanzar  la  perfección  y  que,  cuando  en  cualquier  individuo  de  la especie falta ese impulso, se desintegra y sirve de alimento a los demás miembros del reino vegetal. 
            Sabemos  que  el  zángano,  en la  vida  de  las  abejas,  es  arrojado  de  la  colmena. Pues  el  mismo  método  se  emplea  en  el  reino  humano:  los  seres  humanos  que  no responden al impulso espiritual, se quedan finalmente atrás como rezagados. La vida es 
una gran escuela y a los hombres se les clasifica como a los alumnos. Cada individuo se encuentra precisamente donde él mismo se ha colocado por su propio esfuerzo. Y, si no
ha podido ir  al  paso de los de su clase  en la evolución, y éstos han seguido  adelante  dejándolo  atrás,  no  puede  culpar  de  ello  a  Dios.  Todos  los  Espíritus  Virginales  de  la 
oleada  de  vida  humana  han  tenido  las  mismas  oportunidades,  ya  que  todos  iguales salieron de Dios. Por eso, cuando contemplamos el género humano nos entristece ver a tantos rezagados. Los más inferiores de éstos son los antropoides, que ya se quedaron 
atrás en las evoluciones de los períodos de Saturno y Solar. No respondieron al impulso interior  y  fueron,  por  tanto,  arrojados  de su clase  de  espíritus.  Pero  habían  tenido las mismas oportunidades y recibido tantas bendiciones como sus  espíritus hermanos, que ahora constituimos la humanidad.

            Luego,  llaman  nuestra  atención  los mongoles y los africanos..  Éstos quedaron rezagados  de  la  oleada  de  vida  humana  en  el  Período  Lunar.  Las  razas  a  las  que pertenecen los pueblos occidentales son las más adelantadas, pues han sobrepasado el nadir  de  la  involución,  la  parte  más  oscura  y  más  material  de  la  existencia.  Bien entendido que hablamos de la evolución de los cuerpos, ya que los espíritus virginales inmortales que todos somos, son todos iguales. 
            Los órganos del cuerpo físico han alcanzado ahora un gran desarrollo, pero es preciso  lograr  aún  mayor  perfección.  El  Ego  debe  perfeccionar  el  dominio  de  sus vehículos  y  empezar  a  eterizarlos.  En  el  pasado,  el  hombre  fue  guiado  por  seres superiores,  que  le  ayudaron  a  construir  sus  cuerpos,  pero ahora,  en  ese  aspecto,  debe empezar  a  depender  de  sí  mismo  y  ya  no  puede  depender  enteramente  del  auxilio  y protección de los más elevados. Y, a medida que aumenten sus conocimientos, será, por virtud de su serenidad, su ecuanimidad, su fuerza de voluntad y su liberación del temor, capaz de protegerse a sí mismo, así como de constituirse en ayuda, protección y amparo de los demás. Un hombre así, logrará con el tiempo eterizar, como consecuencia de su fuerza  interior  y  su  pureza  innata,  las  células  de  su  cuerpo  físico  a  tal  grado  que, paulatinamente,  se  eliminarán  sus  más  groseras  sustancias  constitutivas.  Entonces  el hombre necesitará menos cantidad de alimento, puesto que lo absorberá de los éteres. 
            El  hombre  que desee  saber, precisamente,  cuánto ha adelantado  en el  sendero espiritual, puede hacer juicio de ello basándose en sus apetitos y deseos. Si sus deseos son puros y su apetito por la comida es ligero, puede entonces sentirse complacido. Con el  tiempo  alcanzará  la  etapa  en  su  progreso  en  la  que  los  vegetales  más  sencillos  le satisfarán  y  sentirá  entonces  una  natural  aversión  por  los  alimentos  cárnicos.  Ningún 
alimento que provenga de animal le dará satisfacción. Además, buscará el silencio. Un hombre  así  es  ecuánime,  pacífico,  imperturbable  y  pronto  para  servir  donde  se  le necesite. Un alma adelantada tal está siempre dispuesta a comportarse en su trato para con otros con un espíritu de amor y tolerancia.
          
  El gran poeta Longfellow escribió:
 
            “Laboremos, pues, por una quietud interior.
            Una quietud interior y una interior curación.
            Ese perfecto silencio, en que los labios y el corazón
            callan, y ya no nos permitimos
            pensamientos imperfectos y vanas opiniones
            y sólo Dios habla en nosotros, y esperamos
            con sencillez de corazón, alcanzar a conocer
            Su voluntad y, en el silencio de nuestros espíritus,
            poner en práctica únicamente esa voluntad”


de Boletín Rosacruz , Nº 34     
Año 2000 Primer trimestre (Enero-Marzo) Fraternidad Rosacruz  Max  Heindel - Madrid

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miércoles, 25 de febrero de 2015

Atajos del camino


Atajos del camino
Lección de Filosofía de la Sra. Augusta Foss de Heindel de Agosto de 1929

    Hay dos senderos que el hombre descubre cuando despierta y se da cuenta del hecho de que la existencia física que está viviendo no lo es todo.  Entonces se halla en la encrucijada a la que todos hemos de llegar algún día y dónde todos tendremos que hacer una elección: escoger si hemos de continuar en el ancho y fácil camino del placer, dónde hallamos alegres compañeros, o si estamos listos para menospreciar las cosas terrenales y seguir la senda de la renunciación, del puro vivir y de las aspiraciones espirituales.   Algún día hay que hacer esa elección.  El hombre no puede continuar por siempre la vida mundana, ni puede caminar a la vez por los dos senderos.  Tiene que decidirse por uno o por otro.

    En la encrucijada, dónde se le da la oportunidad de elegir, hay muchas peligrosas veredas que brindan al alma cosas maravillosas: la una detiene el rápido desarrollo del estudiante ofreciéndole el éxito y el poder; en la otra están las tentaciones de un gran conocimiento del que puede resultar hasta la adivinación; otro tienta al alma con los atractivos de la vida y la riqueza...  De este modo, el que busca vagará a menudo en su camino encontrando difícil la elección de la vía que le depare los mayores beneficios.  Vacila y prueba primero un camino y luego otro, porque los atractivos lo detienen a cada paso.  El resultado es que, en muchas ocasiones, el verdadero Sendero es el último que elige, porque uno no está pronto a aceptar las restricciones que le impone.  No está listo para vivir una vida de renunciación  y de servicio.  Pero, andando el tiempo, se dará cuenta de que ésta es la verdadera vida, la única en la que podrá realizar progresos reales.

    De todos modos, cuando, más tarde, alcance el punto en que los Misterios se entreabran para él, cuando, por sus esfuerzos y celo, haya llegado al lugar en donde principia a sentir la presencia de los altos poderes, aún no estará hollando un sendero seguro.  Su camino se puede comparar a las sendas de ásperas pendientes que serpentean alrededor de la montaña.  Unas veces, parece que se pierden en estrechas curvas; otras, se sumergen en oscuras hondonadas.  Y el ascenso es tan abrupto y rocoso que los pies del caminante se llenan de ampollas.  A menudo los animales salvajes se interponen en su camino y tienen que vencerlos antes de poder seguir.  Luego, quizá vea una senda que se separa del camino que lleva, y que le parezca menos escarpada, y se encamine por ella para acabar teniendo que reconocer que no conducía a ninguna parte, y haya  de desandar lo andado y re-emprender el sendero abandonado. 

    El ascenso a una montaña es muy similar a este viaje que el neófito tiene que hacer: su camino no es fácil y se interna en los roquedales y los espinos de la persecución, la renuncia de sí mismo y el trabajo duro.  Tan pronto como una persona a comenzado a ganar conocimiento sobre los mundos superiores y la filosofía esotérica, se le pegarán los que van a la caza de quien los ayude a resolver sus problemas.  El mundo está lleno de parásitos que nunca hacen el esfuerzo de pensar por sí mismos, que siempre están solicitando el consejo y la guía de los que han avanzado en el conocimiento, en esferas superiores.  El resultado es que el neófito interrogado se encuentra con su tiempo que se va de ese modo, restándole muy poco para sí mismo. 

    En esto hay, sin embargo, una oportunidad estupenda para vencerse a sí mismo y desarrollar la facultad de la intuición.  Porque los que vienen a pedirle consejos lo obligan a que lo extraiga de su conocimiento interior.  Ésta es, ciertamente, la senda del servicio que, con el tiempo, lleva a la puerta de los mundos superiores.  Si el neófito se puede abstraer en la obra de ayudar  a los otros tan completamente que no tenga tiempo para pensar en sí mismo o en gratificar placeres mundanos  entonces puede tener por seguro que está en el verdadero camino, que sus pasos serán guiados y que se verá protegido por aquellos que van más adelantados que él en el Sendero. Los guías invisibles dirigen a los que se hacen dignos de ello; y no importa cuan duras sean las pruebas a que se vea sometido el neófito desinteresado  y digno, debe sentirse seguro de que sobre él velan con cuidado protector invisibles influencias.

    Hay otro tipo de buscador de la verdad que conviene que lo analicemos un poco.  Es el que siempre busca atajos, medios para abreviar el camino, que inquiere sobre ellos y anda siempre  tratando de hallarlos. Sus corrientes (de deseos) están constantemente orientadas hacia el interior. Esta clase de personas se convierten en centro de atracción de  los  más  inesperados  peligros.  Se  enfrentan  con  tentaciones  como  nunca  habrían soñado. El buscador de atajos en el Sendero del desarrollo espiritual, no solamente trata de acortar el camino sino que está determinado a tomar la vía más fácil. Ambiciona que Dios le dé la libertad de los reinos espirituales y la posibilidad de sentarse y pensar en el nirvana. 

    Un hombre hizo a quien esto escribe la siguiente pregunta: “¿Qué está haciendo su Fraternidad en el sentido de conseguir para la Humanidad mayor libertad  para desarrollarse?” Supongamos que,  a un hombre que  sólo  desea la  libertad por motivos
egoístas, se le diese desarrollo espiritual. ¿Qué haría con él? ¿podemos imaginarnos a una persona así recibiendo el poder inherente al verdadero desarrollo? ¿estaría la virtud segura  en  sus  manos?  Con  el  gran  conocimiento  vienen  grandes  responsabilidades. ¿Podría entenderlo así y usar como es debido de su conocimiento? ¿no sería una presa fácil  para  las  fuerzas  de  las  tinieblas,  listas  siempre  para  engañar  y  perder  al  que investiga?  Los Klingsores  están  en la  tarea  hoy en día  como  lo  estaban  en los  viejos tiempos  del  Grial,  y  muchos  son  los  Amfortas  que  sucumben  y  son  heridos,  a consecuencia del mal uso que hacen de sus poderes espirituales.

    Los grandes enemigos que el hombre encuentra en su Sendero son: el deseo de poder,  el  de  riquezas,  la  vanagloria,  la  envidia  y  el  deseo  de  conocimiento  para emplearlo indebidamente. Éstas son las trampas que se atraviesan en su camino. Cuando uno ha llegado a adquirir algún poder, la tentación de utilizarlo en provecho propio le acosa  por  todas  partes.  Arrebatar  sus  secretos  a  la  naturaleza,  frecuentemente  lleva  a convertirse  en  obsesión  para  el  auto-indagador.  Pero,  cuando  el  hombre  abre  el conducto  que  lo  comunica  con  el  divino  poder  de  Dios,  desgraciado  de  él  si  trata  de emplear lo que recibe para la gratificación de sus propios intereses egoístas. Si acepta el agua  de  la  vida  pero  continúa  llevando  una  existencia  de  bienestar,  llena  de satisfacciones  para  sus  sentidos  y  sus  concupiscencias,  gozando  de  riquezas  mientras sus prójimos están en la necesidad, tiempo llegará en que el divino poder cambiará y lo destruirá.

    Al tratar de estos asuntos conviene decir algo respecto de los peligros del Sendero. Muchos están jugando con poderes espirituales que se podrían emplear para el desarrollo oculto.  El primero  y  más  temible  peligro  en  el  Sendero  es  el  deseo  de  un rápido y pronto desarrollo esotérico. Uno no puede imaginar que se va a convertir en un experto ingeniero en unos pocos días o aún meses. Hay que aprender cada parte de la máquina antes  de  esperar pasar con éxito el  examen.  Nadie, tampoco, espera  llegar a profesor de un colegio, si no ha dedicado su tiempo, primero, a años de estudio para la obtención del certificado correspondiente.  Pero,  cuando  el  aspirante  se  convierte  en alumno de la gran Escuela Espiritual de Dios y desea adquirir el conocimiento de los grandes Misterios - que han permanecido ocultos para los indignos por edades sin fin - pretende que se le enseñe todo a la vez y en un momento. La impaciencia ha descarriado a muchos hacia la senda de las sombras.

    Cuando Fausto  preguntó  a Mefistófeles:  “quién eres tú?”, la respuesta fue: “el poder  que trabaja  para  el  Bien,  aunque  tramándolo  en  el  Mal”.  El  neófito  que  no  ha purificado primero  su  vida  por  medio  de  un  limpio  vivir,  puede  compararse  a  los fariseos a los que Cristo apostrofaba diciéndoles (Mateo, Cap.23):

24.- ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!

25.- ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque limpiáis lo que está fuera del vaso y del plato, mas por dentro están llenos de robo y de injusticia. 
26.- ¡Fariseo  ciego, limpia  primero  lo  de dentro  del  vaso  y  del  plato para  que también lo de fuera se haga limpio!

27.-  ¡Ay  de  vosotros,  escribas  y  fariseos  hipócritas!  Porque  sois  semejantes  a sepulcros blanqueados que, por fuera se muestran hermosos, mas por dentro están llenos 
de huesos de muertos y de suciedad. 
    El aspirante es muchas veces persuadido por esos guías ciegos para que siga su método, y lo animan para que continúe llevando su misma vida mundana. Se le dice que es del todo innecesario el dejar aquello en que se ha deleitado en el pasado; que puede continuar comiendo  y  bebiendo  como  ha  comido  y  bebido  durante  toda  su  vida;  que puede continuar  en  el  juego  del  pronto  enriquecimiento;  que  puede  continuar comiéndose  los  cuerpos  de  sus  hermanos  menores,  los  animales;  que  puede  seguir deleitándose  con  los  embrutecedores  y  matadores  licores,  y  degenerándose  entre  el humo del cigarro y el cigarrillo… Todo eso se le dice que puede continuar gozándolo si sigue los métodos de desarrollo de esos guías ciegos. Con esos métodos - y por un corto espacio de tiempo - le parecerá que consigue rápidos resultados; quizás llegue hasta el punto en que conscientemente pueda dejar su cuerpo y moverse en el bajo Mundo de los Deseos. Puede desarrollar alguna clarividencia y pasar por todo ello, sin apariencias de peligro inmediato, pero sería  un caso excepcional.  La mayor  parte, con  esos métodos adquieren  dolencias, en  los  cuerpos  y  en  las  mentes,  como  resultado  del  desarrollo forzado.  Porque pone  en acción y  vitaliza  todas  las  fuerzas  del  cuerpo  al  tiempo  que intensifica  y  aúna  todas  las tendencias  que  no  se  han  purificado  todavía  y  que  se levantarán inesperadamente como una legión de demonios.

Boletín Rosacruz , Nº 32     
Año 1999 Tercer trimestre (Julio Setiembre) Fraternidad Rosacruz  Max  Heindel - Madrid


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domingo, 28 de septiembre de 2014

Memorias de Max Heindel y la Fraternidad Rosacruz


PREFACIO

Estas tan esperadas “Memorias” de la Sra. Heindel, al
fin publicadas, son sus recuerdos del Fundador de La
Fraternidad Rosacruz y de los primeros días de La
Fraternidad misma. El título en plural Memorias, "se
refiere a una historia de experiencias personales tal
como las recuerda o fueron reunidas de ciertas fuentes
por la escritora." En este caso, solo se incluyen aquellas
memorias que tienen que ver con Max Heindel y la
Fraternidad Rosacruz.
Acontece que el texto de este trabajo es una visión
personal de la Sra. Heindel y de cómo las vivió ella en
particular y pueden diferir de cómo otras personas las
pudieron haber visto y entendido.
En relación con nuestro Departamento de Curación,
debemos enfatizar que las leyes federales y estatales con
respecto a lo que es permitido decir y hacer en la
curación material y quien se halla autorizado a dar tal
información y a suministrar tal servicio ha sido
restringido grandemente desde 1920. Mucho de lo que
antes se hacía ya no es posible hacerlo
También debemos decir que la Fraternidad Rosacruz
siempre busca funcionar en completa armonía con las
leyes vigentes y que muchos cambios se han hecho a
éstas, desde el comienzo de La Fraternidad en 1.913.
Confiamos en que nuestros lectores sabrán comprender
que el paso del tiempo ha deteriorado las fotografías y
que aunque la calidad de algunas deje algo que desear,
su valor histórico amerita su inclusión.

pueden leer y bajar el libro desde aquí

Fraternalmente ehc/

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lunes, 23 de diciembre de 2013

LA INTERPRETACIÓN MÍSTICA DE NAVIDAD




LA INTERPRETACIÓN MÍSTICA
DE NAVIDAD

Título Original:
“THE MYSTICAL INTERPRETATION OF CHRISTMAS”


PREFACIO

El contenido de este libro fue enviado a los estudiantes en forma de
lecciones periódicamente por su autor. En él se encierran seis de sus noventa y nueve epístolas. El objeto principal de estas lecciones es el místico nacimiento y muerte del gran Espíritu de Cristo desde el punto de vista de un vidente. El autor recibió estas raras joyas de la verdad por medio de una iluminación divina. El materialista más recalcitrante quedará convencido de la divinidad del hombre
después de haber leído las revelaciones del escritor sobre el significado interno de Cristo y de los principios que Él proclamó.
Diecisiete de las noventa y nueve lecciones se han editado bajo el título de “El Velo del Destino”, nueve de ellas han sido publicadas con el epígrafe de la “Masonería y el Catolicismo”; diecinueve componen “Los misterios de las grandes óperas” y veinticuatro bajo el título de “Recolecciones de un Místico”.
Las restantes aparecerán en un segundo volumen de “Recolecciones”.
Abrigamos la esperanza de que la lectura de este volumen, dedicado a la santa vida de Cristo, estimulará una veneración mayor por la religión Cristiana al hacerla aceptable por la razón por medio de este inspirado trabajo de Max Heindel, cuyo mayor deseo, mientras vivió, consistió en llevar el ideal de Cristo y la vida sencilla del servicio al corazón de las gentes.

Viuda de Max Heindel
28 de octubre de 1920.


pueden ingresar en cada capítulo dando clic en cada uno ...







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