Augusta Foss de Heindel

miércoles, 25 de febrero de 2015

Atajos del camino


Atajos del camino
Lección de Filosofía de la Sra. Augusta Foss de Heindel de Agosto de 1929

    Hay dos senderos que el hombre descubre cuando despierta y se da cuenta del hecho de que la existencia física que está viviendo no lo es todo.  Entonces se halla en la encrucijada a la que todos hemos de llegar algún día y dónde todos tendremos que hacer una elección: escoger si hemos de continuar en el ancho y fácil camino del placer, dónde hallamos alegres compañeros, o si estamos listos para menospreciar las cosas terrenales y seguir la senda de la renunciación, del puro vivir y de las aspiraciones espirituales.   Algún día hay que hacer esa elección.  El hombre no puede continuar por siempre la vida mundana, ni puede caminar a la vez por los dos senderos.  Tiene que decidirse por uno o por otro.

    En la encrucijada, dónde se le da la oportunidad de elegir, hay muchas peligrosas veredas que brindan al alma cosas maravillosas: la una detiene el rápido desarrollo del estudiante ofreciéndole el éxito y el poder; en la otra están las tentaciones de un gran conocimiento del que puede resultar hasta la adivinación; otro tienta al alma con los atractivos de la vida y la riqueza...  De este modo, el que busca vagará a menudo en su camino encontrando difícil la elección de la vía que le depare los mayores beneficios.  Vacila y prueba primero un camino y luego otro, porque los atractivos lo detienen a cada paso.  El resultado es que, en muchas ocasiones, el verdadero Sendero es el último que elige, porque uno no está pronto a aceptar las restricciones que le impone.  No está listo para vivir una vida de renunciación  y de servicio.  Pero, andando el tiempo, se dará cuenta de que ésta es la verdadera vida, la única en la que podrá realizar progresos reales.

    De todos modos, cuando, más tarde, alcance el punto en que los Misterios se entreabran para él, cuando, por sus esfuerzos y celo, haya llegado al lugar en donde principia a sentir la presencia de los altos poderes, aún no estará hollando un sendero seguro.  Su camino se puede comparar a las sendas de ásperas pendientes que serpentean alrededor de la montaña.  Unas veces, parece que se pierden en estrechas curvas; otras, se sumergen en oscuras hondonadas.  Y el ascenso es tan abrupto y rocoso que los pies del caminante se llenan de ampollas.  A menudo los animales salvajes se interponen en su camino y tienen que vencerlos antes de poder seguir.  Luego, quizá vea una senda que se separa del camino que lleva, y que le parezca menos escarpada, y se encamine por ella para acabar teniendo que reconocer que no conducía a ninguna parte, y haya  de desandar lo andado y re-emprender el sendero abandonado. 

    El ascenso a una montaña es muy similar a este viaje que el neófito tiene que hacer: su camino no es fácil y se interna en los roquedales y los espinos de la persecución, la renuncia de sí mismo y el trabajo duro.  Tan pronto como una persona a comenzado a ganar conocimiento sobre los mundos superiores y la filosofía esotérica, se le pegarán los que van a la caza de quien los ayude a resolver sus problemas.  El mundo está lleno de parásitos que nunca hacen el esfuerzo de pensar por sí mismos, que siempre están solicitando el consejo y la guía de los que han avanzado en el conocimiento, en esferas superiores.  El resultado es que el neófito interrogado se encuentra con su tiempo que se va de ese modo, restándole muy poco para sí mismo. 

    En esto hay, sin embargo, una oportunidad estupenda para vencerse a sí mismo y desarrollar la facultad de la intuición.  Porque los que vienen a pedirle consejos lo obligan a que lo extraiga de su conocimiento interior.  Ésta es, ciertamente, la senda del servicio que, con el tiempo, lleva a la puerta de los mundos superiores.  Si el neófito se puede abstraer en la obra de ayudar  a los otros tan completamente que no tenga tiempo para pensar en sí mismo o en gratificar placeres mundanos  entonces puede tener por seguro que está en el verdadero camino, que sus pasos serán guiados y que se verá protegido por aquellos que van más adelantados que él en el Sendero. Los guías invisibles dirigen a los que se hacen dignos de ello; y no importa cuan duras sean las pruebas a que se vea sometido el neófito desinteresado  y digno, debe sentirse seguro de que sobre él velan con cuidado protector invisibles influencias.

    Hay otro tipo de buscador de la verdad que conviene que lo analicemos un poco.  Es el que siempre busca atajos, medios para abreviar el camino, que inquiere sobre ellos y anda siempre  tratando de hallarlos. Sus corrientes (de deseos) están constantemente orientadas hacia el interior. Esta clase de personas se convierten en centro de atracción de  los  más  inesperados  peligros.  Se  enfrentan  con  tentaciones  como  nunca  habrían soñado. El buscador de atajos en el Sendero del desarrollo espiritual, no solamente trata de acortar el camino sino que está determinado a tomar la vía más fácil. Ambiciona que Dios le dé la libertad de los reinos espirituales y la posibilidad de sentarse y pensar en el nirvana. 

    Un hombre hizo a quien esto escribe la siguiente pregunta: “¿Qué está haciendo su Fraternidad en el sentido de conseguir para la Humanidad mayor libertad  para desarrollarse?” Supongamos que,  a un hombre que  sólo  desea la  libertad por motivos
egoístas, se le diese desarrollo espiritual. ¿Qué haría con él? ¿podemos imaginarnos a una persona así recibiendo el poder inherente al verdadero desarrollo? ¿estaría la virtud segura  en  sus  manos?  Con  el  gran  conocimiento  vienen  grandes  responsabilidades. ¿Podría entenderlo así y usar como es debido de su conocimiento? ¿no sería una presa fácil  para  las  fuerzas  de  las  tinieblas,  listas  siempre  para  engañar  y  perder  al  que investiga?  Los Klingsores  están  en la  tarea  hoy en día  como  lo  estaban  en los  viejos tiempos  del  Grial,  y  muchos  son  los  Amfortas  que  sucumben  y  son  heridos,  a consecuencia del mal uso que hacen de sus poderes espirituales.

    Los grandes enemigos que el hombre encuentra en su Sendero son: el deseo de poder,  el  de  riquezas,  la  vanagloria,  la  envidia  y  el  deseo  de  conocimiento  para emplearlo indebidamente. Éstas son las trampas que se atraviesan en su camino. Cuando uno ha llegado a adquirir algún poder, la tentación de utilizarlo en provecho propio le acosa  por  todas  partes.  Arrebatar  sus  secretos  a  la  naturaleza,  frecuentemente  lleva  a convertirse  en  obsesión  para  el  auto-indagador.  Pero,  cuando  el  hombre  abre  el conducto  que  lo  comunica  con  el  divino  poder  de  Dios,  desgraciado  de  él  si  trata  de emplear lo que recibe para la gratificación de sus propios intereses egoístas. Si acepta el agua  de  la  vida  pero  continúa  llevando  una  existencia  de  bienestar,  llena  de satisfacciones  para  sus  sentidos  y  sus  concupiscencias,  gozando  de  riquezas  mientras sus prójimos están en la necesidad, tiempo llegará en que el divino poder cambiará y lo destruirá.

    Al tratar de estos asuntos conviene decir algo respecto de los peligros del Sendero. Muchos están jugando con poderes espirituales que se podrían emplear para el desarrollo oculto.  El primero  y  más  temible  peligro  en  el  Sendero  es  el  deseo  de  un rápido y pronto desarrollo esotérico. Uno no puede imaginar que se va a convertir en un experto ingeniero en unos pocos días o aún meses. Hay que aprender cada parte de la máquina antes  de  esperar pasar con éxito el  examen.  Nadie, tampoco, espera  llegar a profesor de un colegio, si no ha dedicado su tiempo, primero, a años de estudio para la obtención del certificado correspondiente.  Pero,  cuando  el  aspirante  se  convierte  en alumno de la gran Escuela Espiritual de Dios y desea adquirir el conocimiento de los grandes Misterios - que han permanecido ocultos para los indignos por edades sin fin - pretende que se le enseñe todo a la vez y en un momento. La impaciencia ha descarriado a muchos hacia la senda de las sombras.

    Cuando Fausto  preguntó  a Mefistófeles:  “quién eres tú?”, la respuesta fue: “el poder  que trabaja  para  el  Bien,  aunque  tramándolo  en  el  Mal”.  El  neófito  que  no  ha purificado primero  su  vida  por  medio  de  un  limpio  vivir,  puede  compararse  a  los fariseos a los que Cristo apostrofaba diciéndoles (Mateo, Cap.23):

24.- ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!

25.- ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque limpiáis lo que está fuera del vaso y del plato, mas por dentro están llenos de robo y de injusticia. 
26.- ¡Fariseo  ciego, limpia  primero  lo  de dentro  del  vaso  y  del  plato para  que también lo de fuera se haga limpio!

27.-  ¡Ay  de  vosotros,  escribas  y  fariseos  hipócritas!  Porque  sois  semejantes  a sepulcros blanqueados que, por fuera se muestran hermosos, mas por dentro están llenos 
de huesos de muertos y de suciedad. 
    El aspirante es muchas veces persuadido por esos guías ciegos para que siga su método, y lo animan para que continúe llevando su misma vida mundana. Se le dice que es del todo innecesario el dejar aquello en que se ha deleitado en el pasado; que puede continuar comiendo  y  bebiendo  como  ha  comido  y  bebido  durante  toda  su  vida;  que puede continuar  en  el  juego  del  pronto  enriquecimiento;  que  puede  continuar comiéndose  los  cuerpos  de  sus  hermanos  menores,  los  animales;  que  puede  seguir deleitándose  con  los  embrutecedores  y  matadores  licores,  y  degenerándose  entre  el humo del cigarro y el cigarrillo… Todo eso se le dice que puede continuar gozándolo si sigue los métodos de desarrollo de esos guías ciegos. Con esos métodos - y por un corto espacio de tiempo - le parecerá que consigue rápidos resultados; quizás llegue hasta el punto en que conscientemente pueda dejar su cuerpo y moverse en el bajo Mundo de los Deseos. Puede desarrollar alguna clarividencia y pasar por todo ello, sin apariencias de peligro inmediato, pero sería  un caso excepcional.  La mayor  parte, con  esos métodos adquieren  dolencias, en  los  cuerpos  y  en  las  mentes,  como  resultado  del  desarrollo forzado.  Porque pone  en acción y  vitaliza  todas  las  fuerzas  del  cuerpo  al  tiempo  que intensifica  y  aúna  todas  las tendencias  que  no  se  han  purificado  todavía  y  que  se levantarán inesperadamente como una legión de demonios.

Boletín Rosacruz , Nº 32     
Año 1999 Tercer trimestre (Julio Setiembre) Fraternidad Rosacruz  Max  Heindel - Madrid


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